Beppu, capital de los onsen

Comenzamos nuestra jornada muy pronto para iniciar el camino hacia Beppu. Esta vez tomamos un tren clásico, pintado de rojo y oro que parece sacado de una aventura de Tintin. Durante el viaje, hay una azafata que nos ofrece caramelos y va realizando fotos a los pasajeros que así lo quieren con un cartel conmemorativo del tren 😉 La ruta que realiza el tren es preciosa, ya que estamos rodeados de naturaleza, todo es verde con montañas y volcanes.

Tren destino a Beppu – Foto: Ricardo Sada Gargantilla

Cuando llegamos a nuestro destino, lo primero que hacemos es ir a la oficina de turismo de Beppu para recopilar toda la información posible. Esta vez nos alojamos en un ryokan, alojamiento tradicional japonés compuesto por suelo de tatami, onsen o baños termales y donde se duerme en el suelo en un futón.

Habitación del ryokan con futón en el tatami – Foto: Aránzazu Barriuso

La ciudad de Beppu es una mezcla de modernidad y desarrollo urbanístico mezclado con un aire provinciano. Lo primero que visitamos fueron los 9 infiernos, unas aguas hirviendo y burbujeantes con lodos. Después decidimos buscar un onsen para experimentar los baños de tierra caliente. Toda una experiencia !!!

Uno de los puntos calientes geotérmicos de Beppu – Foto: Ricardo Sada

Tras las nuevas vivencias, tomamos un autobús que nos lleva hasta nuestro nuevo barrio. Antes de ir al ryokan, entramos en un centro comercial cercano donde uno de los integrantes del grupo se compra una maravillosa maleta japonesa, ya que no tenemos sitio en las tres que llevábamos para las cuatro personas que vamos. Es cierto que después de llevar dos semanas en Japón, aunque hemos ido tirando cosas por el camino también hemos ido comprando recuerdos.

Onsen del ryokan de Beppu – Foto: Amaya Barriuso Terrazas

Esa noche decidimos ir a cenar a un restaurante japonés que nos recomiendan en el ryokan, en el cual nos invitan a cerveza si decimos que vamos de su parte. La recomendación es buena y cenamos de maravilla 🙂 Tras la cena tenemos reservado el onsen del ryokan, para el cual nos “vestimos” con las yukatas (vestimenta típica japonesa hecha de algodón que es más ligera que un kimono) y con chanclas. Tenemos 50 minutos para disfrutar del onsen, pero no pudimos aguantar ni media hora porque la tensión baja que casi llegas a marearte. Tras el baño viene la ducha y como nuevos !!!

Monte Aso – Foto: Amaya Barriuso Terrazas

Otro día más que madrugamos para ir a conocer el monte Aso (Aso-san). Es tan grande la caldera del volcán que la estación de tren está dentro y los bordes están a kilómetros de distancia. Un autobús nos lleva a uno de los volcanes interiores. Todo es de un verde intenso. Luego tomamos un pequeño teleférico, que no me gusta mucho ya que tengo claustrofobia. Llegamos a la cima, a la caldera del volcán Nakadake. La caldera bulle como un lago de aguamarina con ribetes amarillos. Los estratos de cenizas y el peligro que hay están presentes al ver los bunkers preparados para cualquier emergencia.

Monte Aso – Foto: Amaya Barriuso Terrazas

Tras la visita reponemos fuerzas en una terraza y degustamos bento (comida japonesa para llevar). Dentro del edificio que está contiguo al de la estación hay un precioso mercado con productos de la tierra, donde podemos conectarnos a internet gratis 🙂

A la vuelta, coincidimos con un grupo de españoles con los que intercambiamos información sobre nuestro viaje. Se agradece coincidir con gente española y poder hablar tranquilamente en tu idioma de las experiencias que estamos viviendo en nuestra aventura nipona 🙂

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