Kyoto, tradición y modernidad

Empezamos un nuevo día en Japón, hoy vamos camino de Kyoto. Como ya es habitual en el viaje, el hotel está cerca de la estación de tren. Tras registrarnos y dejar nuestras maletas, vamos a disfrutar de una merecida comida. Comemos en un japonés de la estación que es bueno y barato, como casi todos los del país.

Kiyomizudera es un conjunto de templos budistas – Foto: Ricardo Sada  

Cuando terminamos, emprendemos nuestro camino hacia el templo Sanjusangendo, pero llegamos justo cinco minutos después del cierre y no podemos hacer la visita. Entonces decidimos acudir al Kiyomizudera, que está cuesta arriba. Es un lugar muy turístico, en el que destaca sobre todo mucho turismo interior.

Tiendas tradicionales japoneses – Foto: Ricardo Sada Gargantilla

Caminamos deshaciendo el camino, cuesta abajo, por calles muy pintorescas como Sann-zaka (cuesta de los 3 años) y Ninen-zaka (cuesta de los 2 años). Son lugares repletos para comprar recuerdos y donde podemos disfrutar de más templos y santuarios. Como podéis observar en la imagen, los cables están al descubierto por la frecuencia de terremotos que se producen en esta zona. También encontramos en nuestro recorrido una estatua de Buda enorme, de la cual sobresale su cuerpo por encima de las tapias que lo protegen. Es la Ryozen Kannon. Sinceramente, no me gusta porque rompe la estética del lugar.

Enorme estatua de Buda – Foto: Ricardo Sada Gargantilla

Mientras seguimos disfrutando de nuestro camino, va anocheciendo y se van encendiendo muchos farolillos que le dan una aire más espiritual. Atravesamos el parque Maruyama y salimos por la entrada del Chion’in. Ya es noche cerrada y nos dirigimos hacia el barrio de Gion, donde las maiko y las geishas no se dejan ver 😦

Farolillos típicos japoneses – Foto: Ricardo Sada Gargantilla

Nos percatamos que estamos a una hora andando hasta el hotel y es cuando nos damos cuenta lo grande que es la ciudad. El recorrido se nos hace más ameno porque encontramos la calle Gojo dori que tiene tiendas muy interesantes, lo cual nos ayuda a no recordar el cansancio que llevamos encima. Tras una dura jornada de turismo, cenamos y caemos en la cama rendidos.

Un edificio de la calle Gojo dori en Kyoto – Foto: Ricardo Sada Gargantilla

Pero esa noche no iba a ser una noche como las demás de nuestro viaje. Soy una persona que tiene la suerte de dormir bien y no hay casi nada que me despierte. Pues esa noche, sobre las cinco de la mañana algo me hace despertar. Abro los ojos después de sentir un temblor tremendo. No sabemos muy bien lo que pasó, pero nos imaginamos que fue un movimiento de tierras. Por la mañana nos enteramos que había sido un terremoto de 6,5 cerca de Tokio y que el tifón que llevaba sobre Japón varios días se aleja después de destrozar Taiwán. Vaya experiencia !!!

Estación de tren de Kyoto – Foto: Ricardo Sada Gargantilla

Gracias a que el día que llegamos a Kyoto compramos unos pases para coger el autobús, tomamos uno rumbo al castillo Nijo jo, que está situado en el centro. Cuando llegamos nos enteramos que los martes cierra, justo era martes !!! Así que tomamos otro autobús y vamos al templo de Ryoanji, el cual tiene un jardín con 15 rocas. Es curioso que sólo existe un punto desde el que se pueden ver todas las rocas.  En cada una de sus partes se puede respirar un ambiente zen maravilloso.

Parte del jardín del templo de Ryoanji – Foto: Amaya Barriuso Terrazas

Una vez terminada esta visita, retomamos el camino hacia el templo dorado o el Kinkakuji, uno de mis lugares favoritos del viaje. Se trata de un templo construido originalmente en 1397 como una villa de descanso, para luego convertirse en un templo zen, el cual se quemó varias veces durante la guerra Onin, por lo que ha sufrido algunas reconstrucciones.

Templo de dorado o Kinkakuji – Foto: Ricardo Sada Gargantilla

También conocemos el templo de plata o Ginkakuji, en el extremo opuesto de la ciudad. Construido en 1474 buscando emular al templo dorado, pero no se pudo recubrir el edificio con plata tal y como se había planeado en un principio.

Templo de plata o Ginkakuji – Foto: Ricardo Sada Gargantilla

Durante el día, además visitaremos el templo budista Sanjusangendo. Su nombre significa edificio con 33 espacios, haciendo referencia a los 33 espacios que separan las columnas que mantienen el templo en pie. En el mismo, se celebraban torneos con arco. Es una pena que no se puedan realizar fotografías en su interior porque está lleno de estatuas de Buda, habrá centenares de ellas, y como el templo es alargado, dan una perspectiva increíble. Es espectacular !!!

Templo budista Sanjusangendo en Tokyo – Foto: Aránzazu Barriuso

Nuestra siguiente parada es Inari, donde conocemos los infinitos toris de Fushimi-Inari. Es el principal santuario sintoísta dedicado al espíritu de Inari y se encuentra situado en la base de una montaña. Es un lugar de entrada libre y, como vamos a última hora de la tarde, casi no hay turistas. Este lugar me fascino en una de mis películas favoritas Memorias de una geisha. Hago lo mismo que la protagonista y me pongo a correr con los brazos abiertos recorriendo todos los toris 🙂

Toris de Fushimi-Inari en Kyoto – Foto: Aránzazu Barriuso Terrazas

La siguiente jornada la iniciamos con la visita al Palacio Nijo-jo. Se trata de un palacio precioso, cuyos paneles están pintados por la escuela de Kano, junto con la curiosa inclinación de la fortaleza.

Palacio Nijo-jo en Kyoto – Foto: Ricardo Sada Gargantilla

Tomamos un taxi a la estación para ganar tiempo y coger un tren dirección a Nara. Cuando llegamos hace un calor insoportable, así que decidimos ir a comer para reponer fuerzas y refrigerarnos. Iniciamos la subida hacia la cima. Según vamos subiendo compramos galletas “shika sembei” para poder dar de comer a los sagrados ciervos que se encuentran libremente alrededor de la zona. Descubrimos que no sólo les gustan estas galletas, sino también los mapas 😉

Los ciervos comiendo – Foto: Amaya Barriuso Terrazas

Tras un buen rato caminando, llegamos al maravilloso templo Todaji, la construcción de madera más grande del mundo. Su grandiosidad impresiona desde fuera, cosa que sorprende aún más en su interior.

Templo Todaji en Nara – Foto: Aránzazu Barriuso Terrazas

Sorprendentemente, en este templo no debemos de descalzarnos y podemos fotografiar al gran Buda que se haya en el interior, entre muchas más cosas.

Gran Buda que se puede admirar en el interior – Foto: Amaya Barriuso

Nuestra última jornada en Kyoto la dedicamos para visitar el castillo de Himeji. Lo recorremos por dentro con un sinfín de escaleras, pasillos, troneras, puertas, etc. Vale la pena el esfuerzo y disfrutar de la vista desde lo alto. Todo el interior se hace con los zapatos en una bolsa 😉

Castillo de Himeji – Foto: Ricardo Sada Gargantilla

Además del magnífico castillo, hay un pequeño jardín precioso con un estanque con carpas muy bien criadas, igual que lo bien cuidados que están todos los jardines japoneses.

Jardín típico japonés de Himeji – Foto: Ricardo Sada Gargantilla

Dejaremos nuestra aventura de Kyoto para comenzar a bajar hasta Hakata y hospedarnos en Fukuoka.

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