Viaje al país del sol naciente

Tras las numerosas peticiones que he recibido de escribir más y detalladamente de uno de los mejores viajes de mi vida, voy a intentar hacerlo en varios posts y poderos transmitir mis vivencias y experiencias en Japón, a más de 10.000 km. de mi casa.

Mi aventura nipona comienza un lunes de agosto con dos vuelos muy diferentes, Madrid-París y París-Tokio. Llegamos al aeropuerto de Narita el martes, después de un montón de horas, que con el cambio horario, fui incapaz de calcular en ese momento. Al fin estaba en el país del sol naciente !!!

En el mismo aeropuerto, conseguimos nuestro preciado Japan Rail Pass, la mejor opción para moverte libremente por el país. Gracias a que llevábamos el viaje bien planificado, hicimos todas las gestiones posibles en Madrid para poder disfrutar de nuestro “abono transportes” durante las tres semanas que pasaríamos en Japón.

La tarjeta del Japan Rail Pass, el pasaporte válido para moverte por Japón

Tras conseguir el pasaporte, tomamos un tren hacia Tokio, el cual tenía una duración de hora y media, hasta llegar a nuestro nuevo barrio, Shinjuku. Menos mal que el hotel donde nos instalábamos estaba cerca de la estación de tren, porque tardamos lo nuestro en hacernos con el terreno.

Tokio es una ciudad llena de contrastes – Foto: Aránzazu Barriuso Terrazas

Cuando llegamos para hacer el checking, sólo teníamos preparada una de las dos habitaciones. Estaba en la planta 31 y tenía unas vistas espectaculares de la ciudad, pero nosotros no estábamos para contemplar el paisaje y caímos rendidos, unos sobre la cama y otros, como yo, sobre el suelo. Una llamada interrumpe nuestro descanso. Es nuestra guía japonesa para el día siguiente.

Vistas de la ciudad de Tokio desde la habitación – Foto: Amaya Barriuso Terrazas 

Después de recuperar fuerzas, comienza el miércoles en Tokio. Es el día que hemos elegido para que nos enseñaran la ciudad. Contactamos desde Madrid con Tokyo Free Guide, empresa que proporciona guías turísticos gratuitos que se adaptan a tus necesidades.

Una de las céntricas calles de Tokio – Foto: Ricardo Sada Gargantilla

Nosotros tuvimos la suerte de contar con Takako, una encantadora japonesa, que hablaba inglés y algo de español, aprendido en Barcelona. Comenzamos la visita dirección al jardín oriental imperial, luego a la puerta Kaminarimon y paseo por la calle Nakamise-dori, que tenía puestos del Templo Sensoji y el Santuario de Asakusa, que se salvó de la Segunda Guerra Mundial.

Palacio Imperial en Tokio – Foto: Amaya Barriuso Terrazas

Llega la hora de comer y Takako nos lleva a un restaurante al cual nunca hubiéramos entrado porque no tenía aspecto de restaurante ;-). Tras deleitarnos con las maravillas de la comida japonesa, partimos y nos adentramos en otro mundo: el de los trenes y el metro de Tokio. Gracias a las explicaciones de Takako, pudimos entender la forma de pagar y cómo interpretar las líneas.

Templo Sensoji en Tokio – Foto: Amaya Barriuso Terrazas

Llegamos a Harajuku y visitamos el Santuario Meiji-Jingu. Allí nos enseña a hacer las abluciones: mano izquierda, mano derecha y boca. Salimos y vamos dando un paseo a través de un puente que está lleno de gente que va a entrar a un concierto.

Lugar para las abluciones del Santuario Meiji-Jinu – Foto: Amaya Barriuso Terrazas

Atravesamos el barrio de Jingumae, la cuesta de España y llegamos a Shibuya, al famoso cruce de Hachiko. Es increíble la marea humana de alrededor de 1.000 personas que cruzan a la vez !!! Tomamos fotos de este hito desde la primera planta del Starbucks. Por desgracia, acaba la jornada con Takako de la que nos despedimos con gran pena, pero alegres de llevarnos una nueva amiga japonesa.

Cruce de Hachiko en el barrio de Shibuya de Tokio – Foto: Aránzazu Barriuso Terrazas

El jueves nos tocaba visitar Nikko. Comenzábamos un nuevo día lleno de nuevas aventuras, que empezaron ya en la estación para coger el tren adecuado. Nos acercamos al punto de información y tras intentar comunicarnos en inglés, nos damos cuenta que la joven azafata japonesa lleva un pin con la bandera española. Nos oye hablar en español y como si fuera una muñeca que le han cambiado el disco para hablar, se puso a hablarnos en español, sin más !!!

Antigua estación de Nikko de 1899 – Foto: Ricardo Sada Gargantilla

Tomamos un tren shikasen hasta Utsunomiya y desde allí otro clásico densha hasta Nikko, nuestro destino, cuya estación data de 1899. Una vez que llegamos nos damos cuenta que vale la pena llegar hasta allí para poder admirar aquel paraje al pie de las montañas, totalmente verde y con un río enorme, el Daiya, atravesado por el sagrado puente rojo.

Sagrado puente rojo que atraviesa el río Daiya en Nikko – Foto: Ricardo Sada Gargantilla

Estábamos rodeados de toris, santuarios, pagodas, farolas y naturaleza. Es increíble la paz que se puede respirar. Seguimos subiendo escaleras y hacemos un recorrido increíble hasta llegar a la cima donde descubrimos un precioso santuario y unas vistas espectaculares.

Alguno de los templos que se pueden disfrutar en Nikko – Foto: Ricardo Sada Gargantilla

Después de pasar el día rodeados de este maravilloso paraje, volvemos a Tokio, y en Shibuya realizamos algunas compras antes de ir a cenar y volver al hotel a descansar para nuestra siguiente andanza:  Takayama.

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